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TIEMPO DE LECTURA: 5 MINUTOS Me tomó muchos años salir de la tristeza que este día, 11 de diciembre, siempre me traía. Honestamente, no fue hasta que procesé el incidente en terapia de trauma, gracias a T.I.R. específicamente, que finalmente pude sanar mi dolor. Hoy quiero compartirte algo muy personal, no solo para honrar a quienes perdí, sino porque sé que el duelo no procesado es una carga que muchos llevamos en silencio. La carga de la culpa y el "hubiera" Desde que fallecieron trágicamente al salir de un concierto en Puerto Rico en 2004, mi prima Yayi (quien era sumamente apegada a mí), su media hermana Laura y su papá, mi tío Toño, esta fecha solía agobiarme. Originalmente habíamos planeado asistir al concierto mi prima Yayi y yo, pero ese día no logré conseguir transportación, por lo que unas horas antes tuve que cancelarle. Por muchos años me torturó la culpa. Me perseguía el pensamiento de qué hubiese pasado si hubiera ido con mi prima, tal como le prometí. Recuerdo que ella sonaba decepcionada en el teléfono cuando le dije que no podía asistir. Nunca antes le había tenido que decir que no, pero ella entendió cuando le expliqué que había quedado sin transportación y, al vivir a dos horas de distancia, se me hacía imposible llegar. Así que invitó a su media hermana mayor, Laura. Era su primera salida juntas. Entendiendo el destino Esa culpa del "¿Qué hubiera pasado si…? " me mataba por dentro una y otra vez. Pero al procesarlo todo, comencé a entender que ya todo estaba escrito. Dos semanas antes de su partida, de la nada, me chocaron el carro en la esquina de mi casa. El mecánico demoró una eternidad en devolvérmelo arreglado. Ese día, ninguna de mis amistades del área oeste estaba dispuesta a llevarme al norte. Simplemente, no estaba en mis cartas asistir. Esa es mi realidad, aunque por mucho tiempo me costó aceptarla. Parte de mis revelaciones, que siguen apareciendo más con los años, es que todos tenemos un rol, una historia y una misión por cumplir. Al sentir su esencia en mis momentos más oscuros, pienso que quizás, antes de nacer, ellos acordaron sacrificarse para ayudarnos a los que quedamos aquí a aprender lecciones fuertes. El legado de mi prima: Vivir sin miedo Los años que mi prima Yayi estuvo en mi vida me enseñaron tanto. Me enseñó a aceptarme y a estar conforme con cómo me veía; a cantar si me daba la gana y a escribir canciones; a reírme de las cosas más tontas; a soñar en grande y, sobre todo, a no darle importancia a lo que piensen los demás. Aunque hay heridas con las que aprenderé a vivir siempre, procesar su muerte me ayudó a reencontrar mi felicidad. Decidí vivir las cosas que ella no pudo completar: honrarla, hablar de ella y mantenerla viva en mi memoria. Porque vivimos hasta que somos olvidados. Rompiendo el ciclo del silencio Cuando el incidente sucedió, no tuve espacio ni tiempo para procesarlo. Las expectativas en mi familia eran claras: aprende a lidiar con eso, pero por dentro, termina la universidad y ponte a trabajar. Era obvio que estaba deprimida; todos lo estábamos. Fue una tragedia inmensa, pero “terapia” no era una palabra que existiera en mi hogar. Si decía que estaba triste, la respuesta era: “Date un baño, que eso quita todo.” Fact: It doesn’t. En muchas familias existe la costumbre de suprimir el dolor. Piensan que es más fácil esconderlo que enfrentarlo. Pero lo que reprime la mente, lo sostiene el cuerpo. Al no procesarlo, revivimos el dolor internamente, creando “triggers” y acumulando cargas que tarde o temprano se manifiestan. Transformando el dolor en propósito Después de lograr sanar esa herida, transformar la culpa en aceptación y el dolor en fortaleza, comencé a ver la muerte de otra manera. Desarrollé herramientas para lidiar con los detonantes (“triggers”) si surgen con los años, porque a veces el duelo regresa cuando menos lo esperas.
A mi prima le encantaba cantar y escribir. Así que, en vez de deprimirme un día como hoy, lo dedico a meditar, inspirarme, escribir y cantar. La parte difícil sigue siendo extrañarles. Hoy se cumplen 21 años de sus partidas, pero los recuerdos quedan impregnados en mí para siempre. RIP Yayi, Laurita y Tío Toño. ¿Por qué comparto esto hoy? Porque así como me ayudaron a mí hace más de 12 años a superar este acontecimiento doloroso, mi misión es ahora ayudar a otros a superar situaciones traumáticas o estresantes. Si tú o alguien que conoces está pasando por un duelo complicado, culpa, tensión o trauma, escríbeme. Ayudo a las personas a encontrar las herramientas internas para transformar la ansiedad en la fortaleza necesaria para vivir una vida más liviana y feliz.
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AuthorCristina Barcelo empowers individuals navigating trauma, stress, and life transitions to unlock their full potential through transformative healing experiences. Blog Archives
December 2025
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